Las comidas en familia son positivas para el desarrollo infantil

  • Viernes, 29 de Diciembre de 2017

En estos tiempos de festejos, cierres de año, Navidad y el recibimiento del Año Nuevo, las celebraciones familiares giran en torno a una mesa de almuerzo o de cena. Y es muy bueno que así sea. Lo que no es tan bueno, parece ser, es que estos encuentros sean de excepción.

Hace no muchos años atrás las comidas en familia eran lo habitual en la gran mayoría de los hogares. Y no sólo en nuestro pequeño país; así lo era en la mayor parte del mundo.

Sin embargo, en las últimas décadas las demandas sociales a las familias han generado un cambio rotundo en la vida cotidiana. Ahora los padres cuentan con menos tiempo para “hacerse una escapada” para almorzar en su casa; las madres pasan horarios laborales cada vez más extensos fuera del hogar; las abuelas y abuelos se han “modernizado” y retrasan su retiro laboral o dedican su tiempo libre a actividades de su propio interés. Y ni que hablar del “invitado de piedra” a estos encuentros familiares: los celulares. Claro que hay excepciones, pero lo descrito anteriormente ha ido en aumento.

Los almuerzos y cenas en familia han sido un hábito saludable, que estrecha vínculos y que también protege la salud de los más pequeños.

Diversas investigaciones sugieren que existe una relación estrecha entre los hábitos familiares para las comidas y la salud de los niños y adolescentes.

Aunque los investigadores han hecho énfasis en la relación entre la frecuencia con que las familias comen juntas y la calidad de la salud de los hijos, es posible que sólo la frecuencia no capte la complejidad de la experiencia.

Recientemente se publicaron los resultados de una investigación que se realizó con un grupo de niños desde los 6 a los 10 años.

Los participantes fueron 1492 niños pertenecientes al Estudio Longitudinal de Desarrollo Infantil de Quebec. Cuando los niños tenían 6 años, los padres informaron sobre la calidad del ambiente típico de las comidas familiares. A la edad de 10 años, los padres, maestros y niños mismos proporcionaron información sobre hábitos de estilo de vida, logros académicos y ajuste social, respectivamente. Se analizó la relación entre la calidad del ambiente de comidas familiares tempranas y la calidad de vida del niño una vez transcurrido 4 años del primer informe.

La calidad del ambiente en las comidas familiares a los 6 años predijo niveles más altos de aptitud general, mejor desempeño escolar, menores niveles de consumo de refrescos, menores montos de agresión física y de comportamiento oposicionista a los 10 años.

Por esto, se concluyó que las comidas familiares tienen influencias a largo plazo sobre el bienestar biopsicosocial de los niños.

En un momento en que la frecuencia de las comidas familiares se encuentra en un declive natural en la población, esta característica ambiental puede convertirse en un objetivo de las intervenciones en el hogar y podría aparecer en las campañas de información que apuntan a optimizar el desarrollo infantil.

FUENTE: Journal of Developmental & Behavioral Pediatrics, University of Montreal. Diciembre 2017.